viernes, 5 de diciembre de 2014

II

Respirar polvo de escayola rota,
doblar las articulaciones,
y olvidar al andar los rotos.

Perderme en calles
que me sé de memoria.

Pisar baldosas gastadas

y sentirme igual que ellas,
como una flor floreciendo
entre lo tóxico de la rutina.

Querer ir a mi encuentro,
sin saber en qué ciudad
quiero estar hoy...

Y no ir a buscarme por dentro,
porque temo que algún día
toque fondo y no aparezca.

Mis huellas me dan pistas
de dónde ya he pisado,
y se me acaban los caminos
donde pueda tropezar
por primera vez...
-Aquí ya sería la segunda o tercera...-

Y acabar, de nuevo,
en una espiral de poesía.